El origen del chele

Llorar es de hombres. Y está bien, aún cuando los motivos parezcan no merecerlo, aún cuando no haya motivos. El llanto, la sensación, estar vivo.  Llorar una vez, o dos. Quizás todos mis "yo" internos debieran llorar al menos durante una hora diaria.  Tal vez así se sentirían más vivos, cada uno de ellos, en cada uno de esos momentos en que no comprenden su razón.  Y si todos lloran al menos una vez al día, al menos una hora diaria, y gimen, y se revuelcan como niños hambrientos, tal vez se dan cuenta que están, juntos y vivos, y que hacen un equipo. Y si un equipo ha de ser patético, no lo será tanto como los individuos incapaces de reconocer a quien está a la par, o a quien está dentro.  Sin equipo no hay juego, no hay campeones. Así que está bien llorar, llorar es de hombres, y de mujeres.  Llorar todos juntos o cada quien a su turno sin esconderse, los coloca, me coloca con todos mis erráticos "yo" internos, en la cúspide del campeonato.  Soy más porque tengo mi equipo, de llorones, listo para recibir la medalla de lágrimas doradas y plantarla al sol.
Ya el sol se encargará de convertir las lágrimas en asquerosos cheles. Asquerosos sí, pero esta vez adornarán una sola cara: esta, que no llora por vos ni por mí.

Se cansó mi voluntad

Mi voluntad se cansó de esperar por la tuya, y en el camino -breve, tan breve que se recorre en un suspiro- la eternidad enraizó mis necedades y mi orgullo, pues no quería perderte, pero menos quería perderme. Y sin embargo me perdí, en ese caminito que lleva desde mi alma hasta mi alma sin ser dos. Me perdí esperando turno para aceptar mi respuesta.  Me perdí entre el hambre y la frustración mientras mis pies, por no dejarte, a penas se movían, o más bien se movían en círculos mientras, paradója, vos seguías tu camino que en tu alucín llevaría a mi alma... Pero te alejaste sin distancia y construiste con mis manos un muro infranqueable. Yo tu títere tratando de contar mi historia. Y yo, mi historia tratando de escribirse sin lápiz, porque todos los lápices se quedaron en la inmensidad caótica de tu morral, donde también guarde mis memorias más viejas, las que había escrito con el lápiz que robé de tu alma.
Mientras tanto, con una voluntad cansada, casi agotada, revisaré mi caminito para ver si, al menos, logro que me conduzca del alma al corazón.

El temible futuro de la crisis está aquí (pero no llegó para quedarse)

¿Cuántas veces se escucha la palabra “crisis” durante una semana? Incontables, no por casualidad sino porque vivimos en tiempos difíciles: que la crisis ambiental, que la crisis social, que la crisis económica…

Evidentemente algo está pasando en el planeta y la preocupación al respecto ha ido generando movimientos académicos, sociales y políticos que estudian, analizan y accionan en diferentes lugares del mundo, bajo percepciones ideológicas y morales que, por sus diferencias con lo “convencional”, no siempre se pueden comprender a la primera.
Por ejemplo, cuando me hablaron por primera vez de las UDIS (Unidades de Intercambio Solidario), quedé pasmado. ¿Cómo así que se puede crear una moneda alternativa, legal y definida en función del bienestar comunitario, y además ¡en Centroamérica!?
Sí. En Honduras existen desde hace años estos “vales comunitarios” emitidos por la Red COMAL, una comercializadora comunitaria alternativa que asocia a diferentes organizaciones y empresas sociales de pequeños productores. Impulsan procesos de formación, producción agroindustrial y comercialización, bajo parámetros de sostenibilidad, calidez y armonía con la naturaleza, basados en principios de justicia, equidad, solidaridad y respeto a ser humano.
Miguel Macías, representante de Red COMAL en la Empresa Centroamericana de la Economía Social y Solidaria para el Desarrollo Integral AQ´AB´AL, me comenta que el optimismo hacia el futuro se fundamenta en las miles de personas que se han tomado el tiempo de estudiar y actuar, sin pánico, para replantear los modelos económicos, políticos y sociales que están en crisis. “Hemos evidenciado el problema de liquidez en las economías locales así como la existencia de intereses que resultan endeudando siempre a un pueblo, y algo muy grave: la fuga de capital local”. Esos aspectos son los ejes principales para la funcionalidad de las UDIS, que en algunas comunidades se han extendido, incluso, dentro del comercio convencional. “Es necesario fomentar la economía local incentivando el consumo de productos locales y garantizando que el poder adquisitivo se quede en la misma comunidad”.

Otras formas de resolver
La situación alimentaria de muchas poblaciones centroamericanas es alarmante y su problemática tiene causas sumamente complejas, y aunque muchas de la soluciones son evidentes, frecuentemente es igual de complejo llevarlas a la realidad. Red COMAL, con sus programas Tienda Centroamericana, Hortaliza Orgánica y Panela Granulada EcoComal, genera una ejemplar labor en Honduras. En Guatemala hay muchos proyectos enfocados en la producción alimentaria de beneficio comunitario y uno sobresaliente es la Cooperativa Cuatro Pinos, de Santiago Sacatepéquez, que después de 30 años de trabajo es reconocida a nivel nacional e internacional por sus logros en el mejoramiento de la calidad de vida de sus productores y colaboradores. Su membresía actualmente alcanza los 560 asociados-propietarios, todos maya-kaqchikeles, y 4,200 productores organizados en más de 120 grupos distribuidos en 14 departamentos del país. Cuenta con 1,200 empleados de los cuales el 90% son mujeres, dando así una idea clara de la generación de ingresos y empleo directo como una acción exitosa en la búsqueda de mejores estándares de vida para los guatemaltecos.

Economía y cultura
De Cuatro Pinos ya tenía yo conocimiento. Cubriendo una actividad relacionada al corredor económico-cultural que promueve la iniciativa Pacto por la Vida en todo el istmo centroamericano, había conocido muchos detalles del funcionamiento y valores de la cooperativa, fundada en 1979. Sin embargo, el comercio justo y la economía solidaria tienen muchas otras formas de expresión en la actualidad, y en la ciudad de Quetzaltenango hay varias muestras de ello.
Muy acertadamente, he podido encontrar a Willy Barreno y Ana Noorani de DESGUA, una organización de base que opera por medio de una red de grupos comunitarios en Guatemala y Estados Unidos, buscando contribuir al desarrollo sostenible del país. Estuvimos en Café RED, un espacio físico mediante el cual DESGUA promueve productos locales de alta calidad a través de un restaurante, una escuela de cocina y la Despensa de Comercio Justo, dando cabida también a una serie de actividades culturales que resultan cumpliendo el papel de intermediarias entre la conciencia social y el público en general.
Sin embargo, ésta no es la forma más recurrente en que la cultura puede ser parte de la economía solidaria.

Artesanía
Un gran segmento del comercio justo en Guatemala está en el área artesanal.
La riqueza cultural de los pueblos tiene un gran exponente en sus artesanías, con notorias particularidades estéticas y gran carga de identidad representada por simbolismos que registran historia, creencias, mitos y más. Con esto está de acuerdo Héctor Ponce, diseñador industrial con amplia experiencia en dicho sector. Agrega que “en los últimos años se ha generado un renacimiento del sector artesanal en Guatemala. Esto se ha logrado por medio de cooperativas así como del trabajo conjunto entre instituciones privadas, gubernamentales y apoyos internacionales. Como resultado se pueden observar una gran cantidad de nuevos productos para el mercado nacional y extranjero”.
Una iniciativa bastante ilustrativa es Innova, empresa social que desde finales de los años 80 comercializa productos artesanales de nueve organizaciones accionistas, y unas treinta más de toda la región occidental.
“Es una empresa líder dentro del sector artesanal. Durante varios años el trabajo de esta comercializadora se ha extendido; cuentan con una gran variedad de productos de excelente calidad y diseño”, concluye Ponce y nos despedimos.
Mi siguiente encuentro se da, entonces, con Santos Rosales, presidente de Innova, quien me recibe en la sede principal, ubicada en la zona 1 de Xela. “La empresa convencional busca la rentabilidad y las ganancias. En cambio ésta tiene como propósito fundamental la generación de empleo mientras las comunidades pueden continuar con sus actividades tradicionales, preservando su cultura y su propias formas artísticas”, afirma.

“Glocal”
Los valores de la economía solidaria la hacen bastante “glocalista”, como diría la politóloga Ana Braconnier. Se refiere al pensamiento global junto a la acción local. Generalmente, las teorías están basadas en la funcionalidad comunitaria como base social, aunque muchas comercializadoras tienen el carácter de exportadoras y manejan relaciones internacionales. Es decir, en un mercado tan amplio como es el mundo, existen nichos y posibilidades enormes para garantizar empleo a la humanidad, especialmente si se logra desinflar la economía a nivel local por medio de la protección del mercado comunitario y la sostenibilidad.
Por último, parece ser que ya no estamos esperando a que el cambio nos lo traigan de afuera. En una época de cambios positivos, vale la pena participar económicamente por medio de un consumo responsable, no compulsivo, y asumiendo prácticas solidarias en nuestras relaciones económicas cotidianas.
Porque el temible futuro de la crisis ya está aquí, pero no llegó para quedarse.

Otros que se indignan (y con razón)

En el mundo han estallado conflictos sociales en la medida en que han estallado problemáticas políticas y económicas.


Se dice, por ejemplo, que en el ocaso de Tikal jugó un papel importante la indignación ciudadana. El populo maya, supuestamente, se cansó de la arbitrariedad de sus autoridades, de la excesiva explotación de los recursos naturales para satisfacer intereses “reales” y la desigualdad de condiciones de vida entre las clases burguesas dominantes y el proletariado que brindaba la máquina para que todo funcionara.

Pocos siglos después (quizás vale la pena contarlos en décadas), del otro lado del “charco” se levantaba una de las movidas ciudadanas más importantes de la historia occidental contemporánea: la Revolución Francesa, un conflicto social y político que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799.

En la historia reciente se han dado grandes movimientos motivados por la indignación, como por ejemplo el de los campesinos, que desde regiones remotas y con realidades verdaderamente adversas, han hecho temblar naciones en la exigencia de sus derechos.

Indignados hoy

Los problemas inician, quizás, en el momento en que el negocio se encuentra a la mano de funcionarios públicos inescrupulosos, que con los años van tejiendo oscuras redes de intereses corporativos, al punto de que, en la actualidad, los escaños políticos se han transformado en plazas ejecutivas tanto para corporaciones legales como ilegales; por lo tanto, la pregunta es ¿qué movimientos de resistencia están ocurriendo dentro del conflicto social que globalmente nos golpea?

Sin lugar a dudas, en todos lados hay representación de la inconformidad e indignación por el mal proceder de los asuntos político-económicos. Pero el apoyo popular en la lucha de las causas colectivas es muy bajo pues, como bien dijo un político durante la última campaña electoral en Guatemala: “En nuestra idiosincrasia se juzga al activista como bochinchero, montonero, alborotador”. O eso hasta que la indignación crece, naturalmente.

Ese es el intenso caso que durante los últimos años ha venido afianzándose en Grecia. Desde ese país puso en marcha las medidas de austeridad para recortar el déficit y cumplir con las exigencias de Bruselas y el FMI, los empleados públicos y los jubilados han visto rebajados sus salarios y pensiones. Además, impuestos como el IVA se han elevado al tiempo que sufren también el repunte de la inflación. La consecuencia es, según indican algunos economistas, una pérdida de hasta el 25% de su poder adquisitivo. Hemos escuchado noticias sobre la crítica situación económica del Estado, jugando con la quiebra de un país, pero no lo suficiente para ser capaces de conocer las verdaderas reacciones que han resultado de una serie de decisiones con que el gobierno ha afectado la realidad griega.

El punto es claro: los griegos, como individuos y colectivo, han tenido la capacidad de comprender, a fuerza de educación junto a golpes al bolsillo, la manera en que los gobiernos junto a las transnacionales, llevan a casa de empeño la economía de la población, sacrificando la seguridad educativa, laboral y alimentaria de sus pueblos.

Estadística e identidad

El levantamiento de la población helénica de los últimos meses tiene dos aspectos que vale la pena resaltar: implica acciones en que más de la mitad de la población participa, y fue inspirado por el accionar de otra ciudadanía (la española, con el Movimiento 15-M).

El primer aspecto es estadístico. En Grecia el 56 % de la pblación está a favor del movimiento. Si hablamos de manifestaciones públicas, las ha habido cientos de miles de personas (en Atenas, el 5 de mayo de 2010, participaron unas 300 mil personas. En varias manifestaciones se ha estimado en más de 100 mil a los marchantes). Por citar otro ejemplo, los insólitos aumentos a los pasajes de transporte y a los peajes de las autopistas (ambos manejados por medio de concesiones a empresas privadas) desencadenaron en una acción colectiva con increíble aceptación popular, en que se llama a la población a hacer uso de tales servicios sin pagar. El número de pasajeros que opta por viajar gratis ha aumentado hasta rozar el 40% en los autobuses y hasta un 15% en el resto de los medios de transporte, según estimaciones oficiales recogidas por Efe. Y las empresas concesionarias estiman que entre un 15% y un 18% de los conductores no pagan los peajes, frente al 6% que lo hacía hace menos de un año. "Hablamos de unos 8.000 usuarios al día", afirman desde Nea Odos, una compañía que opera una de las autopistas en el país donde, incluso, los trabajadores de estos servicios son bastante permisivos” afirma una nota de prensa que gira en torno a los resultados de una encuesta elaborada por MRB y publicada en medios europeos.

El otro aspecto, el de la inspiración en el movimiento español, es más identitario. Implica, por un lado, la humildad de poderse sentir identificado con los problemas del vecino, y por otro lado, más teórico, implica la comprensión de causas y efectos que de manera globalizada se están infringiendo sobre la población humana. No hay que olvidar que desde finales del año 2010 han surgido grupos de “indignados” en decenas de países como Francia, Portugal, Inglaterra, Alemania, México, Chile y Guatemala, lo que nos deja clara la posibilidad de que estos movimientos globales se masifiquen y sean capaces de llevar, gracias a la tecnología, la experiencia y el conocimiento, el cambio hasta todos los rincones del mundo.

Recuadro

Lo dicen en la red:

grecia.indignados.tel/

“Los griegos, portugueses y españoles cada vez son más conscientes del gran timo de la subvención”.

indignados.tel/

“Creemos en las REDES NEURONALES, no en los sistemas piramidales actuales. Conseguiremos la excelencia imitando a nuestro cerebro, donde todas las neuronas son consideradas iguales”.

“El sistema educativo, económico y demás, se crea para integrar a todos en la sociedad creada por todos, no para que los sistemas totalitarios controlen las mentes y la economía de los integrantes”

es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_15-M

“El Movimiento 15-M, también llamado movimiento de los indignados, es un movimiento ciudadano formado a raíz del 15 de mayo de 2011 con una serie de protestas pacíficas en España con la intención de promover una democracia más participativa.”

www.rebelion.org

“En lugar de rescatar a la gente, a las familias, se está rescatando a los bancos y rebajando o eliminando los impuestos que pagan los ricos, con la falsa creencia de que hay que salvar como sea al sistema financiero para de esta forma volver a crear empleo y crear riqueza apoyando a los poseedores.

Fauces históricas

Fueron largas horas las que sucumbí, durante las últimas semanas, mientras desentrañaba pesadas hojas de un libro atormentador –Negreaba de Zopilotes, de Ricardo Falla-, y cortos minutos en recorrer otra faceta de la revoltosa historia del último siglo, o un poco más –Esquisses, de Enrique Gómez Carrillo-.

Dos aberturas extremas, opuestas, que las letras impresas me han regalado como patrimonio próximo en este inicio de año. Empiezo la cuenta regresiva para el final de esta era, con un bagaje un tanto atormentador, que en ambos casos cuestiona irremediablemente las variantes en que se puede ser guatemalteco.

Esquisses se remonta a 1892 y constituye la primera publicación de Gómez Carrillo, editada en un Madrid difícil de imaginar para quienes no nos hemos adentrado en el extranjerismo propio de los “grandes intelectuales” que la élite cultural de nuestro país ha ufanado. Si bien tal extranjerismo tiene bases comprensibles, y aún vigentes, que condicionan el éxito artístico en su sonoridad dentro de los ambientes internacionales según la moda de la época (“Así es París” dice Enrique, “más que el amor de las letras que desde fuera se le supone, ha tenido siempre el amor de la moda”). Pero no sólo de moda se trata el asunto. También se trata de egocentrismos, de ese sentimiento de superioridad que surge en un literato o creador cuando asume su estatus “alto” que le permite, por un lado la privilegiada formación académica, y por otro la emigración transcontinental (no en 2012 en que el mundo se ha achicado sino en épocas de largos viajes a vapor). Ese egocentrismo tiene un factor determinante y es el del poder que da “citar” como demostración de lo que se conoce, pero aún más presumir de los personajes “de moda” que se llegan a conocer, aunque sea por medio de esporádicos encuentros. El novato siempre resulta un simple conocido del que llama su gran amigo, el consagrado.

Esta tendencia a importar “moda” es un mal que no hemos querido admitir: es la desvalorización de nuestra creación, de nuestros conocimientos y de nuestra propia forma de ver al mundo, con la trágica consecuencia que resulta en mediocridad para el arte no valorado.

El egocentrismo queda bien retratado en Equisses cuando Gómez Carrillo habla del Naturalismo “muerto y enterrado”, introduciendo al tema con sus experiencias con Oscar Wilde que dice “Los artistas que no se creen más grandes que el resto del mundo, no producen nunca una obra maestra”. De ahí adivino el interés de artistas, incluso escritores de mi generación, que siguen esmerándose en crear obras elitistas, dedicadas a académicos especialistas (¿cuál si no la humillación al ciudadano común, es la intención de plagar obras literarias, por ejemplo, de frases en otros idiomas?).

Sin embargo, no los desvalorizo. Considero en la obras elitistas, una oportunidad al reto del pensamiento que, como consecuencia, será mejor digerido mientras menos sepamos del autor. Además, permiten legitimar pensamientos que entre el público vulgar seguirían siendo tabúes (“el vicio y la bondad se mezclan para formar la expresión de la sonrisa”).

Hay un sentimiento colonial, invasor, digamos, en quienes ostentan el valor de la narración en cuanto a su ego. La imposición de pensamientos, aunque no fuera una conducta consciente, y aunque afortunadamente exista el derecho a decir lo que queramos, como queramos, arroga a quien escribe, la posesión de la “verdad”. En ese caso, la tienen más fácil los literatos que pueden ficcionar sus ideas. Y más difícil, los antropólogos y académicos que no redactan con la finalidad de la estética sino de la información. Son colonos del conocimiento.

Al igual que cualquier antropólogo, Ricardo Falla puede pecar, aunque no esté escrito en las tablas de Moisés, de imponer visiones por el poder que le conjura ser el único que trata un tema, en el caso de Negreaba de Zopilotes (título bastante literario para una obra de estudio) sobre la masacre de San Francisco, en el norte de Huehuetenango. Es una obra importante, por supuesto, pues retrata la situación de vida, muerte y salvación terrenal de un pueblo sufrido, aunque no deja de imponer visiones típicas de quienes, no carentes de morbo, hacen turismo académico con los pueblos más sufridos, aunque sea con la buena intención de preservar los hechos más trascendentales para la historia.

Antes de continuar, recuerdo las palabras del artista kaqchikel Lisandro Guarcax al referirse al estudio de las artes de esa etnia maya: necesitamos hacer un balance entre la historia que nos cuentan los abuelos y la información deducida por arqueólogos y antropólogos, para que con el conjunto podamos comprender integralmente nuestra identidad.

Primero, el patrimonio histórico de los pueblos guatemaltecos está contenido, principalmente, en la oralidad. El trabajo académico ha tenido siempre grandes barreras pues los estudiosos suelen ser foráneos, dificultando un recurso fundamental como lo es el conocimiento del idioma local. El idioma es el caudal de la cultura, por lo que difícilmente pueda un antropólogo estudiar con efectividad la realidad de personas con quienes no se entiende. Pero como el mismo Guarcax admite, el trabajo académico no debe ser ignorado.

Paradójicamente, en el caso de estudio histórico de determinado pueblo indígena por parte de académicos “de visita”, tendrá por fuerza que ser estudiado, a su vez con ojo antropológico, para poder acceder a un imaginario más amplio que permita crecer en vez de confundir al sujeto con la información planteada.

En el caso de Negreaba de Zopilotes vale entender, de antemano, que el autor no habla el idioma chuj propio de la aldea masacrada, por lo que la comunicación con testigos sobrevivientes siempre dependerá de su propia interpretación, de su propia construcción de ideas derivadas de algunas palabras comprendidas. Tal construcción, en el caso de Falla, tiene implícitos algunos sesgos, como el de la religión (sabiendo que es sacerdote jesuita), el racismo y desvalorización indígena propios de las generaciones recientes, muchas veces por culpa de la misma falta de comprensión del idioma (reconozco un llegue de racismo en el sólo hecho de que un estudioso se arrogue la capacidad de determinar verdades sobre comunidades ajenas), y la ideología siempre “izquierdeada” de quienes estudian los enormes abusos cometidos por el ejército de Guatemala.

Teniendo clara tal visión crítica del autor, uno puede valorar la importancia, cierta, que hay un registro histórico que, de no ser de esta forma, nunca trascendería para ayudarnos a tener más aristas para comprender nuestra historia en común.

Lo historia de la población masacrada en la Finca San Fancisco (relacionada a San Mateo Ixtatán y a Nentón, en Huehuetenango) arroja una serie de problemáticas que, personalmente, devoran ciertas masas de inocencia en mi ser. Al acceder al estudio de un caso –los franciscanos- desde el aspecto histórico (al menos con los elementos que la mano occidental ha registrado, o los escasos datos conservados por el Estado –muy ausente, claro-) rápidamente se encuentran algunos conceptos, como el derecho a la tierra (y la pertenencia ancestral), los desplazamientos históricos, las relaciones laborales, la gestión comunitaria, la guerra y la cooperación internacional. “Negreaba de Zopilotes”, como título, rescata lo dicho por un testigo que llegó a San Francisco pocos días después de que casi cuatrocientas personas (sólo sobrevivieron unos quince de toda la comunidad) fueron brutalmente asesinadas por el ejército. El estudio está basado en el testimonio de un puñado de testigos, leyes, documentación de ong´s y del Registro de la Propiedad. Desde el inicio, plantea la pregunta de si ¿se acabó San Francisco? Ya en las conclusiones intenta una doble respuesta: se acabó, porque la aldea fue arrasada y sobrevivió menos del cinco por ciento de la población, pero está viva porque hubo sobrevivientes que la contaron, gracias a los cuales ya existe en, al menos, un libro histórico.

Falla, al adentrar en el tema del resarcimiento o reparación de las víctimas, hace meditar sobre la integralidad que este proceso debiera significar (resarcimiento colectivo, psicosocial y material), pero también deja evidencia, aunque no profundice al respecto, de que la misma población va experimentando sus propios procesos de reconciliación de manera más efectiva que por medio del Estado o de ong´s.

La de San Francisco fue una de las peores masacres, ocurrió en 1982 y formó parte de la primera demanda entablada contra Efraín Ríos Montt. A pesar de su magnitud genocida sigue siendo un hecho desapercibido en la historia nacional, cuando todas las desgracias de su tipo debiera formar parte de nuestra consciencia, tanto porque los efectos de la violencia de guerra nos siguen afectando a todos, como para que no se repitan.

Tanto con Negreaba de Zopilotes como con Esquisses aportan el día de hoy a la historia guatemalteca, duramente. Enrique Gómez Carrillo, una de las letras guatemaltecas más ensalzadas, y Ricardo Falla, antropólogo comprometido, me permitieron terminar el 2011 y empezar este, con una parte de mí devorada entre las fauces de la historia.

Púchica jueves 29 12 11

(Las fotos muestran cómo empecé y cómo terminé durante los años que escribí en El Quetzalteco)

Última

Hace 15 años que se declaró “oficialmente” la paz en Guatemala. Fue la conclusión de un proceso que duró varios años, en los que los altos mandos militares fijaron posturas tradicionales y la dirigencia insurgente se desligó de sus bases para tratar, en el extranjero, las condiciones que darían fin al conflicto bélico entre el Estado y las organizaciones izquierdistas alzadas en armas. Fueron 36 años de violencia irracional que trascendió lo político, destrozando no sólo los avances sociales impulsados a raíz de la revolución de 1944, sino también todo el tejido social de nuestra nación. Destrozaron cientos de miles de vidas, enalteciendo la arbitrariedad y la injusticia que hoy reinan en nuestra nación. Justificaron y avalaron formas sanguinarias para alcanzar objetivos, destrozaron nuestra humanidad.

Un aspecto que la guerra también destrozó, a pesar de no estar armado, es la libertad de expresión, misma que desde hace más de quince años luchamos por restablecer. Es la plena conciencia de que expresarnos (léase opinión, denuncia, propuesta, etc.) es un derecho y un deber ciudadano. No es posible otra forma de construcción sólida y duradera para una nación, que no sea el diálogo y la clara exposición de nuestras ideas y formas de pensar. Por lo tanto, quienes tenemos a nuestro alcance herramientas comunicativas, tenemos el deber ciudadano de utilizarlas para construir identidad, ciudadanía y armonía.

Un rol social que frecuentemente pasa desapercibido, es el de la comunicación. En la familia, célula social, siempre hay un integrante que resulta jugando el rol de la palabra, ayudando a poner de acuerdo a los demás, o contribuyendo con la interpretación de las situaciones de cada uno. Nuestra sociedad, durante muchos años, tuvo vedados los valores de la comunicación por medio del miedo y la confusión, lo que hace necesaria una mayor atención de parte de todos para que hoy no repitamos errores de ayer.

Esta es la última Púchica, pero les invito a puchicas.blogspot.com, donde seguiré compartiendo. Les deseo lo mejor para el 2012 ¡y siempre!

Bomberitos en La Esperanza

Hace 15 años fueron fundadas, en la ciudad de Guatemala, las Brigadas Infantiles del Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios, con el objetivo de inculcar valores de servicio en la niñez, así como inducirles en las técnicas de salvamento y primeros auxilios. Durante este lapso, las mismas han ido creándose en distintos municipios del país.

El 16 de noviembre pasado, el esfuerzo del personal de la 94 compañía, ubicada en La Esperanza, Quetzaltenango, cobró recompensa al iniciar la primer Brigada Infantil del municipio, que acreditará un grupo de pequeños, niños y niñas, de entre 6 y 12 años.

El bombero Édgar López afirma que el objetivo es instituir un semillero de bomberos, buscando que el recurso humano no llegue a escasear en la institución bomberil. “El curso empezó el 16 de noviembre y termina el 16 de diciembre”, para completar un mes de preparación, con el que los niños puedan obtener su diploma y acreditación como miembros de la Brigada Infantil de La Esperanza, concluye.

Osvaldo Rodas, otro bombero involucrado, dice que “en los 22 años de estar trabajando en esta compañía, nos hemos dado cuenta de lo que el municipio necesita, y que a veces no se tiene respuesta de los adultos. Entonces queremos sembrar la semilla en los niños, quienes de por sí admiran a los bomberos”.

La autorización, otorgada por la Asociación Nacional de Bomberos Voluntarios, es un trámite necesario para poder asumir a nivel institucional la responsabilidad de tener a los niños a su cargo. Deben llevar fichas completas de cada niño, que incluyen información sobre posibles alergias y cuidados especiales, entre otros, para garantizar su seguridad.

El resultado

“Para ser honestos, esperábamos entre 15 y 20 niños, cantidad que se triplicó” dice Rodas. “Somos seis los instructores, pero gracias al apoyo de todo el personal, que se ha mostrado colaborador durante sus turnos y tiempos libres, hemos podido asumir el reto”.

La graduación de esta primera promoción fue el 18 de diciembre. “Se desarrolló, como clausura, un simulacro en el quelos niños hicieron una demostración a los padres y vecinos del municipio, para que se den cuenta de lo importante de que, desde chiquitos, empiecen a practicar buenos principios, como el servicio común a la humanidad”. Además, les fueron impuestos sus cascos y entregadas sus acreditaciones.

José Rodrigo Cárdenas, un participante de 6 años, comparte con seguridad: “Hay varios tipos de fuego. El A es cuando se quema papel, hojas secas (orgánico); el B es el de cera y gasolina (combustibles), el C de computadoras y televisiones (electricidad) y el D, ya no me acuerdo (risas)”.

En este mes aprendieron primeros auxilios, herramientas de salvamento y, por supuesto, tipos de fuego y cómo sofocarlo. Rodas asegura que “esperan darles una formación completa para que, incluso, puedan en sus escuelas y ambientes cotidianos, desenvolver la capacidad de servir en base a sus conocimientos”.

Economía solidaria: alternativa para el futuro

¿Cuántas veces se escucha la palabra “crisis” durante una semana? Incontables, no por casualidad sino porque todo anda en crisis. Que la crisis ambiental, que la crisis social, que la crisis económica…

Evidentemente algo está pasando en el planeta y la preocupación al respecto ha ido generando un movimiento académico, social y político que estudia, analiza y acciona en diferentes lugares del mundo, bajo percepciones ideológicas y morales que, por sus diferencias con lo “convencional”, no siempre se pueden comprender a la primera.
Por ejemplo, cuando me hablaron por primera vez de las UDIS (Unidades de Intercambio Solidario), quedé pasmado. ¿Cómo así que se puede crear una moneda alternativa, legal y definida en función del bienestar comunitario, y además ¡en Centroamérica!?
Sí. En Honduras existen desde hace años estos “vales comunitarios” emitidos por la Red COMAL –me pregunto, sin respuesta aún, por qué el billete de 5 UDIS tiene un león-, una comercializadora comunitaria alternativa que asocia a diferentes organizaciones y empresas sociales de pequeños productores. Las actividades que impulsan, según su misión, son procesos de formación, producción agroindustrial y comercialización, bajo parámetros de sostenibilidad, calidez y armonía con la naturaleza, basados en principios de justicia, equidad, solidaridad y respeto a ser humano.
Miguel Alonzo Macías, quien representa a Red COMAL en la Empresa Centroamericana de la Economía Social y Solidaria para el Desarrollo Integral, AQ´AB´AL, me comenta, con su habitual amabilidad y carisma, que el optimismo hacia el futuro se fundamenta en las miles de personas que se han tomado el tiempo de estudiar y actuar, sin pánico, para replantear los modelos económicos, políticos y sociales que están en crisis. “De esta forma hemos evidenciado el problema de liquidez en las economías locales así como la existencia de intereses tanto de préstamos como de ahorros, que resultan endeudando siempre a un pueblo, y por último, la fuga de capital local”. Los tres aspectos son los ejes principales para la funcionalidad de los vales comunitarios que en algunas comunidades, se ha ido extendiendo incluso dentro del comercio convencional. “Es necesario fomentar la economía local incentivando el consumo de productos locales y garantizando que el poder adquisitivo se quede en la misma comunidad”.

Otras formas de resolver
La situación alimentaria de muchas poblaciones centroamericanas es alarmante y su problemática tiene causas sumamente complejas, y aunque muchas de la soluciones son evidentes, frecuentemente es igual de complejo llevarlas a la realidad. Red COMAL, con sus programas Tienda Centroamericana, Hortaliza Orgánica y Panela Granulada EcoComal, genera una ejemplar labor en Honduras. En Guatemala hay muchos proyectos enfocados en la producción alimentaria de beneficio comunitario y uno sobresaliente es la Cooperativa Cuatro Pinos, de Santiago Sacatepéquez, que después de 30 años de trabajo, es reconocida a nivel nacional e internacional por sus logros en el mejoramiento de la calidad de vida de sus productores y colaboradores. Su membresía actualmente alcanza los 560 asociados-propietarios, todos maya-kaqchikeles, y 4,200 productores organizados en más de 120 grupos distribuidos en 14 departamentos del país. Cuenta con 1,200 empleados de los cuales el 90% son mujeres, dando así una idea clara de la generación de ingresos y empleo directo como una acción exitosa en la búsqueda de mejores estándares de vida para los guatemaltecos.

Economía y cultura
De Cuatro Pinos ya tenía yo conocimiento. Cubriendo una actividad relacionada al corredor económico-cultural que promueve la iniciativa Pacto por la Vida en todo el istmo centroamericano, había conocido muchos detalles del funcionamiento y valores de la cooperativa, fundada en 1979. Sin embargo, el comercio justo y la economía solidaria tienen muchas otras formas de expresión en la actualidad, y en la ciudad de Quetzaltenango hay varias muestras de ello, por lo que con suéter y bufando me traslado a las calles altenses para poder explorarlas.
Muy acertadamente, he podido conocer a Willy Barreno y Ana Noorani de DESGUA, una organización de base que opera por medio de una red de grupos comunitarios en Guatemala y Estados Unidos que buscan contribuir con un desarrollo sostenible para el país. Estuvimos en Café RED, un espacio físico mediante el cual DESGUA comercia productos locales de alta calidad a través de un restaurante, una escuela de cocina y la Despensa de Comercio Justo, dando cabida además, a una serie de actividades culturales que resultan cumpliendo el papel de intermediarias entre la conciencia social y el público en general.
Sin embargo, esta no es la forma más recurrente en que la cultura puede ser parte de la economía solidaria.
Un gran segmento del comercio justo en Guatemala está en el área artesanal. La riqueza cultural de los pueblos tiene, en muchos casos, un gran exponente en sus artesanías, con notorias particularidades estéticas y una alta carga de identidad representada por simbolismos comunicativos, que registran historia, creencias, mitos y más. Con esto está de acuerdo Héctor Ponce, diseñador industrial con amplia experiencia en dicho sector. Agrega que “en los últimos años se ha generado un renacimiento del sector artesanal en Guatemala. Esto se ha logrado por medio del trabajo conjunto entre instituciones privadas, gubernamentales y apoyos internaciones, entre otros. Como resultado se pueden observar una gran cantidad de nuevos productos para el mercado nacional y extranjero”.
Una de las iniciativas presentes en este segmento es Innova, la empresa social que desde finales de los años 80 comercializa productos artesanales de nueve organizaciones accionistas, y unas treinta más de toda la región occidental.
“Innova es una empresa líder dentro del sector artesanal. Durante varios años el trabajo de esta comercializadora se ha extendido; cuentan con una gran variedad de productos de excelente calidad y diseño”, concluye Ponce y nos despedimos.
Mi siguiente encuentro se da con Santos Rosales Ángel, presidente de Innova, quien me recibe en la sede principal, ubicada en la zona 1 de Xela.
“La empresa convencional busca la rentabilidad y las ganancias. En cambio ésta, que funciona bajo un modelo solidario, tiene como propósito fundamental la generación de empleo mientras las comunidades pueden continuar con sus actividades tradicionales, preservando su cultura y su propias formas artísticas”, afirma. Para lograr una efectiva apertura de nichos de mercado donde la artesanía tradicional guatemalteca tenga mayor demanda en el mercado nacional e internacional, Innova participa también en capacitaciones y acompañamiento técnico con sus socios y beneficiarios. “Durante los veinte años que venimos trabajando, se ha evidenciado una importante mejora en diseño y calidad, que han generado un incremento en los precios, para beneficio de los productores”, concluye.
Los valores de la economía solidaria la hacen bastante “glocalista”, como diría la politóloga Ana Braconnier. Se refiere al pensamiento global junto a la acción local. Generalmente, las teorías están basadas en la funcionalidad comunitaria como base social, aunque muchas comercializadoras tienen el carácter de exportadoras y manejan relaciones internacionales. Es decir, en un mercado tan amplio como es el mundo, existen nichos y posibilidades enormes para garantizar empleo a la humanidad, especialmente si se logra desinflar la economía a nivel local por medio de la protección del mercado comunitario y la sostenibilidad.
En una época de conciencia, vale la pena identificar estas iniciativas y contribuir a su funcionamiento, participando económicamente con el sector. En estas fiestas de fin de año, procure usted consumir productos que no cargan sobre sus precios la explotación laboral sino que garantizan una beneficioE en la situación de miles de guatemaltecos que merecen una mejor calidad de vida.