30/5/13

Pingo

En días grises, los del invierno necio, viene la ansiedad de salir, cambiar de temperatura y permitir que las pestañas no se cierren al amanecer, porque hay camino por seguir. Animado por el apasionante prólogo que J. Bravo dedicara a La noche de los olvidos, de Fuentes Rosal, en donde se emancipa la anticuada percepción del turismo de expedición, que juzgaba a sus practicantes como excéntricos, gente egoísta o tontos, me lanzo al viaje.
Tal prólogo analiza casi psicomágicamente a Pingo, el amante del olvido en la novela de Fuentes –valga decir que J. Bravo se armó con increíbles datos biográficos del autor, así como con la magnífica tesis sobre los pueblos humayas, de la antropóloga francesa Ana Demulder, hallada cual tesoro escondido en uno de sus fríos viajes a Galway, en los estudios humayas que compartió entre la de allí y la Tridity College-.
Pingo compró la moto y sorprendió a todos con su fuga, una huida casi criminal que repercutió en intensa búsqueda por parte de los cuerpos de socorro y conocidos radioaficionados. Pasado un año, una tía lo reconoció en la televisión, en una toma que documentaba el público de un concierto en Panamá. Y luego nada. Años y nada.
Pingo tenía ansias de camino y J. Bravo las justifica con las insuficiencias emocionales padecidas por Fuentes en su infancia (y prácticamente el resto de su vida).
Tomo el vuelo a tiempo, vaya rutina con olor aséptico que casi hace surrealista el hecho de viajar. Entrás en Guatemala en una caja de vidrios con amplias salas alfombradas y subís a un avión del que salís en una caja de vidrios con amplias salas alfombradas, pero en Ciudad del Cabo. Y las once horas olieron igual.
Entre tanta homogeneidad la mente sigue ansiosa y perderme en mis pensamientos no es cosa difícil.
Fuentes Rosal no hubiera podido, ni con diez novelas, lograr sembrar en mí el impulso necesario como lo hicieron J. Bravo y el énfasis en la medicina que, a su criterio, era la búsqueda subconsciente de Pingo al viajar Cualtzapíte.
A diferencia de Pingo, yo voy muy leído. Como una obsesión que puede llevar “a las fauces mismas de la fiebre del purgatorio” me introduje en los estudios de Humbistz sobre las alucinaciones que los humayas experimentaban al entrar en las chozas traslúcidas que centran cada una de sus comunidades. Sólo en Cualtzapíte existen unas quince chozas de éstas, que centran la actividad política, social y religiosa. Es en la bautizada como Ahuruqui sumpi o Pasadizo profundo, donde tengo mi destino.
Destino.
J. Bravo afirmó: Pingo viene sin saber el por qué real. Viene con la intuición pura, la voluntad del destino. Pingo ha aprendido a escuchar su corazón. Se ha vuelto el hechicero de esa magia desprestigiada por Solmero, James y cuantos otros superacionistas que se arrogan la potestad de convencerte sobre uno u otro camino.
Al final, estoy conforme con la manera en que sucede todo. No puedo pedir más.
La concentración energética de la choza sólo se puede comparar con la vasta frase de Guillini cuando afirma que “la única realidad es la que te para los pelos”. Y así como J. Bravo concluye su prólogo yo llego a este dramático final: Pingo demuestra que lo único prohibido en su vida es evadir su propia y profunda voluntad.

29/5/13

Yuanfen


Quiero creer que esto es puro yuanfen. No quiero más explicaciones, mucho tengo con tener que explicarmelo en chino. Al final de cuentas, el único pidiendo entendimiento soy yo, manía cotidiana, de resistirme al encanto llano de las cosas.
Luego, página en blanco y lahares de emociones bajando de mi latiente volcán, mitad selva vírgen, mitad desierto bajo la luna llena.
¿Cómo describir el desequilibrio de mi mente entre políticos, futboleros y pilotos de camioneta extraurbana? ¿Cómo describir el extrajerísmo de mi ser en medio de mi patria? Pues destino, quizás.
¿Cómo describir esa aparición mágica bajo el cobijo de la piedra más grande de Pasajcap?


17/5/13

Oración




Te atardeceré despacio,
sólo cuando el tiempo dicte
que he debido acompañar tu suerte
y ante todo no rendirme.

Y te agarraré la mano
con todas sus cicatrices,
con sus cayos bien labrados
y tus uñas aprendices.

Cuando cuentes del dolor pasado
escucharé sin reírme
aún sabiendo que estaba cantado
toparte con mis narices.

Cuando te escuché leyendo
a uno de mis chirices,
fue como canción de vida
escuchar tus palabritas.

Yo te pido que confíes.
Nunca te alzaré la mano, eso sí,
yo secuestraré tu aliento
para que tengas que acercarte.

Y te rodearán mis brazos
y recorreré tu cuerpo;
me lo tomaré con calma
para prescindir del tiempo.

Buscaré que se repita
la lunada en el desierto
para comprender cada granito
que nos regala el universo.

13/5/13

Despacio




















Te atradeceré despacio, sólo cuando el tiempo lo dicte.
Porque antes del ocaso debo recorrer tus valles,
sudar en la escalada de tus montañas,
hidratarme con ríos que aún tengo que limpiar,
asfixiarme en los bosques ocultos de tu más allá.
Te atardeceré -no es idea mía- poco a poco,
aunque no me aceptes en tu vida.
Ahí estaré custodiando el sueño
de la dulzura entre alucinaciones,
y de un futuro incierto, deseado con curiosidad...
Eso de atardecer con vos no es mi idea,
alguien más lo dijo...
No si sí fue mencionado por Orionis,
o por el viento,
o por la fuerza de un latir
que retumba desde el cielo
hasta las cavernas más profundas de mi existencia.
Eso de atardecerte no fue mi idea,
sólo la intención de arrogarme el derecho de verte vivir.
Fue, más bien, idea karmática
física reacción al olerte,
física reacción al mirarte,
profunda reacción al bajar la mirada
y darme cuenta que seguís ahí.

8/5/13

Justicia


Mi patria se llama Tierra y mis paisanos se llaman humanos. Para mi no existen las fronteras -aunque lamentablemente sí las aduanas-. Creo en mi historia y en la necesidad de reconciliarme con ella para poder ver al futuro. Creo en el Todo como la perfecta -y a veces incomprendible- conjugación de engranajes animales, vegetales, minerales y etéreos; y me identifico con el Todo, poniendome a su disposición con lo que día a día voy descubriendo que soy. Pero ante todo esto, no creo en el conformismo de que el Todo dispone, pues creo en que la construcción del Todo depende de las actitudes y acciones de quienes lo conformamos. Por tanto, creo en la lucha por la justicia.

1/5/13

Eslabón perdido


Sumergido entre gotas de sudor deambulaba un luchador sin estripe, puro vago empedernido asqueado por la sociedad. Desde hacía muchísimos pasos que seguía y seguía, llevando a cuestas buenas dosis de dolor y un quintal de sueños utópicos. Esa mañana nada cabió, ni el hambre ni la burla al sistema. Simplemente ocurrió lo de siempre: Pasando frente a la tienda de doña Paula, logró percibir en sus dañadas narices el aroma de una infancia ajena, con frijolitos y agua de plátano. Ajena por la renuncia y por la renuncia ajena. No ha habido gota que le rebalse el vaso. No ha habido mosca en su boca mientras duerme. No ha habido violación en masa que no supere. Se detiene, pues los sentidos rebasan a la propia voluntad -arrogante voluntad, dice él- y como en stopmotion sus pies se despegan de la realidad y comienza a volar.
La música de fondo, ésta, no conforme con la argucia planetaria que condiciona la gravedad, resuena en las partes bajas y abandona la solidez dejando varadas las inteciones en un limbo abstracto, ajeno al porvenir.
Pero ahí continuaba, siempre con la vista atenta aunque no al frente. Cargaba también su propia culpa paranóica por no haber logrado romper el último eslabón, e irse al Cerro Quemado para habitar en una cueva.

El chiste de saberlo o el disgusto de ignorarlo.

Mordeme la oreja derecha,
arrancámela.
Moredeme la oreja izquierda,
arrancámela.
Ahora, listos;
susurrame al oido las historias
que antes no pude escuchar.
Cantame la oración pagana
que no entendí.
Recitá las letras estorbosas
que jamás pretendí.
Coloreá los paisajes,
bailá las mareas,
fotografiá la escena del crímen
y redactá el informe imposible.
Que ni así cambiará la pasión del momento en que bajo las sábanas
-o sobre el petate-
En que desucbrí tu existir
patria mía
que con oceános, continentes y arrecífes
defines a exactitud
lo que con dolor
te podría definir.
Por eso yo, el que te habla,
tu amigo,
no votaré por ninguno de los dos bandos
sino por vos
patria mía
que trasciendes las fronteras,
colores y climas,
tallas y engases,
gustos y disgustos.


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