22/1/12

Otros que se indignan (y con razón)

En el mundo han estallado conflictos sociales en la medida en que han estallado problemáticas políticas y económicas.


Se dice, por ejemplo, que en el ocaso de Tikal jugó un papel importante la indignación ciudadana. El populo maya, supuestamente, se cansó de la arbitrariedad de sus autoridades, de la excesiva explotación de los recursos naturales para satisfacer intereses “reales” y la desigualdad de condiciones de vida entre las clases burguesas dominantes y el proletariado que brindaba la máquina para que todo funcionara.

Pocos siglos después (quizás vale la pena contarlos en décadas), del otro lado del “charco” se levantaba una de las movidas ciudadanas más importantes de la historia occidental contemporánea: la Revolución Francesa, un conflicto social y político que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799.

En la historia reciente se han dado grandes movimientos motivados por la indignación, como por ejemplo el de los campesinos, que desde regiones remotas y con realidades verdaderamente adversas, han hecho temblar naciones en la exigencia de sus derechos.

Indignados hoy

Los problemas inician, quizás, en el momento en que el negocio se encuentra a la mano de funcionarios públicos inescrupulosos, que con los años van tejiendo oscuras redes de intereses corporativos, al punto de que, en la actualidad, los escaños políticos se han transformado en plazas ejecutivas tanto para corporaciones legales como ilegales; por lo tanto, la pregunta es ¿qué movimientos de resistencia están ocurriendo dentro del conflicto social que globalmente nos golpea?

Sin lugar a dudas, en todos lados hay representación de la inconformidad e indignación por el mal proceder de los asuntos político-económicos. Pero el apoyo popular en la lucha de las causas colectivas es muy bajo pues, como bien dijo un político durante la última campaña electoral en Guatemala: “En nuestra idiosincrasia se juzga al activista como bochinchero, montonero, alborotador”. O eso hasta que la indignación crece, naturalmente.

Ese es el intenso caso que durante los últimos años ha venido afianzándose en Grecia. Desde ese país puso en marcha las medidas de austeridad para recortar el déficit y cumplir con las exigencias de Bruselas y el FMI, los empleados públicos y los jubilados han visto rebajados sus salarios y pensiones. Además, impuestos como el IVA se han elevado al tiempo que sufren también el repunte de la inflación. La consecuencia es, según indican algunos economistas, una pérdida de hasta el 25% de su poder adquisitivo. Hemos escuchado noticias sobre la crítica situación económica del Estado, jugando con la quiebra de un país, pero no lo suficiente para ser capaces de conocer las verdaderas reacciones que han resultado de una serie de decisiones con que el gobierno ha afectado la realidad griega.

El punto es claro: los griegos, como individuos y colectivo, han tenido la capacidad de comprender, a fuerza de educación junto a golpes al bolsillo, la manera en que los gobiernos junto a las transnacionales, llevan a casa de empeño la economía de la población, sacrificando la seguridad educativa, laboral y alimentaria de sus pueblos.

Estadística e identidad

El levantamiento de la población helénica de los últimos meses tiene dos aspectos que vale la pena resaltar: implica acciones en que más de la mitad de la población participa, y fue inspirado por el accionar de otra ciudadanía (la española, con el Movimiento 15-M).

El primer aspecto es estadístico. En Grecia el 56 % de la pblación está a favor del movimiento. Si hablamos de manifestaciones públicas, las ha habido cientos de miles de personas (en Atenas, el 5 de mayo de 2010, participaron unas 300 mil personas. En varias manifestaciones se ha estimado en más de 100 mil a los marchantes). Por citar otro ejemplo, los insólitos aumentos a los pasajes de transporte y a los peajes de las autopistas (ambos manejados por medio de concesiones a empresas privadas) desencadenaron en una acción colectiva con increíble aceptación popular, en que se llama a la población a hacer uso de tales servicios sin pagar. El número de pasajeros que opta por viajar gratis ha aumentado hasta rozar el 40% en los autobuses y hasta un 15% en el resto de los medios de transporte, según estimaciones oficiales recogidas por Efe. Y las empresas concesionarias estiman que entre un 15% y un 18% de los conductores no pagan los peajes, frente al 6% que lo hacía hace menos de un año. "Hablamos de unos 8.000 usuarios al día", afirman desde Nea Odos, una compañía que opera una de las autopistas en el país donde, incluso, los trabajadores de estos servicios son bastante permisivos” afirma una nota de prensa que gira en torno a los resultados de una encuesta elaborada por MRB y publicada en medios europeos.

El otro aspecto, el de la inspiración en el movimiento español, es más identitario. Implica, por un lado, la humildad de poderse sentir identificado con los problemas del vecino, y por otro lado, más teórico, implica la comprensión de causas y efectos que de manera globalizada se están infringiendo sobre la población humana. No hay que olvidar que desde finales del año 2010 han surgido grupos de “indignados” en decenas de países como Francia, Portugal, Inglaterra, Alemania, México, Chile y Guatemala, lo que nos deja clara la posibilidad de que estos movimientos globales se masifiquen y sean capaces de llevar, gracias a la tecnología, la experiencia y el conocimiento, el cambio hasta todos los rincones del mundo.

Recuadro

Lo dicen en la red:

grecia.indignados.tel/

“Los griegos, portugueses y españoles cada vez son más conscientes del gran timo de la subvención”.

indignados.tel/

“Creemos en las REDES NEURONALES, no en los sistemas piramidales actuales. Conseguiremos la excelencia imitando a nuestro cerebro, donde todas las neuronas son consideradas iguales”.

“El sistema educativo, económico y demás, se crea para integrar a todos en la sociedad creada por todos, no para que los sistemas totalitarios controlen las mentes y la economía de los integrantes”

es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_15-M

“El Movimiento 15-M, también llamado movimiento de los indignados, es un movimiento ciudadano formado a raíz del 15 de mayo de 2011 con una serie de protestas pacíficas en España con la intención de promover una democracia más participativa.”

www.rebelion.org

“En lugar de rescatar a la gente, a las familias, se está rescatando a los bancos y rebajando o eliminando los impuestos que pagan los ricos, con la falsa creencia de que hay que salvar como sea al sistema financiero para de esta forma volver a crear empleo y crear riqueza apoyando a los poseedores.

3/1/12

Fauces históricas

Fueron largas horas las que sucumbí, durante las últimas semanas, mientras desentrañaba pesadas hojas de un libro atormentador –Negreaba de Zopilotes, de Ricardo Falla-, y cortos minutos en recorrer otra faceta de la revoltosa historia del último siglo, o un poco más –Esquisses, de Enrique Gómez Carrillo-.

Dos aberturas extremas, opuestas, que las letras impresas me han regalado como patrimonio próximo en este inicio de año. Empiezo la cuenta regresiva para el final de esta era, con un bagaje un tanto atormentador, que en ambos casos cuestiona irremediablemente las variantes en que se puede ser guatemalteco.

Esquisses se remonta a 1892 y constituye la primera publicación de Gómez Carrillo, editada en un Madrid difícil de imaginar para quienes no nos hemos adentrado en el extranjerismo propio de los “grandes intelectuales” que la élite cultural de nuestro país ha ufanado. Si bien tal extranjerismo tiene bases comprensibles, y aún vigentes, que condicionan el éxito artístico en su sonoridad dentro de los ambientes internacionales según la moda de la época (“Así es París” dice Enrique, “más que el amor de las letras que desde fuera se le supone, ha tenido siempre el amor de la moda”). Pero no sólo de moda se trata el asunto. También se trata de egocentrismos, de ese sentimiento de superioridad que surge en un literato o creador cuando asume su estatus “alto” que le permite, por un lado la privilegiada formación académica, y por otro la emigración transcontinental (no en 2012 en que el mundo se ha achicado sino en épocas de largos viajes a vapor). Ese egocentrismo tiene un factor determinante y es el del poder que da “citar” como demostración de lo que se conoce, pero aún más presumir de los personajes “de moda” que se llegan a conocer, aunque sea por medio de esporádicos encuentros. El novato siempre resulta un simple conocido del que llama su gran amigo, el consagrado.

Esta tendencia a importar “moda” es un mal que no hemos querido admitir: es la desvalorización de nuestra creación, de nuestros conocimientos y de nuestra propia forma de ver al mundo, con la trágica consecuencia que resulta en mediocridad para el arte no valorado.

El egocentrismo queda bien retratado en Equisses cuando Gómez Carrillo habla del Naturalismo “muerto y enterrado”, introduciendo al tema con sus experiencias con Oscar Wilde que dice “Los artistas que no se creen más grandes que el resto del mundo, no producen nunca una obra maestra”. De ahí adivino el interés de artistas, incluso escritores de mi generación, que siguen esmerándose en crear obras elitistas, dedicadas a académicos especialistas (¿cuál si no la humillación al ciudadano común, es la intención de plagar obras literarias, por ejemplo, de frases en otros idiomas?).

Sin embargo, no los desvalorizo. Considero en la obras elitistas, una oportunidad al reto del pensamiento que, como consecuencia, será mejor digerido mientras menos sepamos del autor. Además, permiten legitimar pensamientos que entre el público vulgar seguirían siendo tabúes (“el vicio y la bondad se mezclan para formar la expresión de la sonrisa”).

Hay un sentimiento colonial, invasor, digamos, en quienes ostentan el valor de la narración en cuanto a su ego. La imposición de pensamientos, aunque no fuera una conducta consciente, y aunque afortunadamente exista el derecho a decir lo que queramos, como queramos, arroga a quien escribe, la posesión de la “verdad”. En ese caso, la tienen más fácil los literatos que pueden ficcionar sus ideas. Y más difícil, los antropólogos y académicos que no redactan con la finalidad de la estética sino de la información. Son colonos del conocimiento.

Al igual que cualquier antropólogo, Ricardo Falla puede pecar, aunque no esté escrito en las tablas de Moisés, de imponer visiones por el poder que le conjura ser el único que trata un tema, en el caso de Negreaba de Zopilotes (título bastante literario para una obra de estudio) sobre la masacre de San Francisco, en el norte de Huehuetenango. Es una obra importante, por supuesto, pues retrata la situación de vida, muerte y salvación terrenal de un pueblo sufrido, aunque no deja de imponer visiones típicas de quienes, no carentes de morbo, hacen turismo académico con los pueblos más sufridos, aunque sea con la buena intención de preservar los hechos más trascendentales para la historia.

Antes de continuar, recuerdo las palabras del artista kaqchikel Lisandro Guarcax al referirse al estudio de las artes de esa etnia maya: necesitamos hacer un balance entre la historia que nos cuentan los abuelos y la información deducida por arqueólogos y antropólogos, para que con el conjunto podamos comprender integralmente nuestra identidad.

Primero, el patrimonio histórico de los pueblos guatemaltecos está contenido, principalmente, en la oralidad. El trabajo académico ha tenido siempre grandes barreras pues los estudiosos suelen ser foráneos, dificultando un recurso fundamental como lo es el conocimiento del idioma local. El idioma es el caudal de la cultura, por lo que difícilmente pueda un antropólogo estudiar con efectividad la realidad de personas con quienes no se entiende. Pero como el mismo Guarcax admite, el trabajo académico no debe ser ignorado.

Paradójicamente, en el caso de estudio histórico de determinado pueblo indígena por parte de académicos “de visita”, tendrá por fuerza que ser estudiado, a su vez con ojo antropológico, para poder acceder a un imaginario más amplio que permita crecer en vez de confundir al sujeto con la información planteada.

En el caso de Negreaba de Zopilotes vale entender, de antemano, que el autor no habla el idioma chuj propio de la aldea masacrada, por lo que la comunicación con testigos sobrevivientes siempre dependerá de su propia interpretación, de su propia construcción de ideas derivadas de algunas palabras comprendidas. Tal construcción, en el caso de Falla, tiene implícitos algunos sesgos, como el de la religión (sabiendo que es sacerdote jesuita), el racismo y desvalorización indígena propios de las generaciones recientes, muchas veces por culpa de la misma falta de comprensión del idioma (reconozco un llegue de racismo en el sólo hecho de que un estudioso se arrogue la capacidad de determinar verdades sobre comunidades ajenas), y la ideología siempre “izquierdeada” de quienes estudian los enormes abusos cometidos por el ejército de Guatemala.

Teniendo clara tal visión crítica del autor, uno puede valorar la importancia, cierta, que hay un registro histórico que, de no ser de esta forma, nunca trascendería para ayudarnos a tener más aristas para comprender nuestra historia en común.

Lo historia de la población masacrada en la Finca San Fancisco (relacionada a San Mateo Ixtatán y a Nentón, en Huehuetenango) arroja una serie de problemáticas que, personalmente, devoran ciertas masas de inocencia en mi ser. Al acceder al estudio de un caso –los franciscanos- desde el aspecto histórico (al menos con los elementos que la mano occidental ha registrado, o los escasos datos conservados por el Estado –muy ausente, claro-) rápidamente se encuentran algunos conceptos, como el derecho a la tierra (y la pertenencia ancestral), los desplazamientos históricos, las relaciones laborales, la gestión comunitaria, la guerra y la cooperación internacional. “Negreaba de Zopilotes”, como título, rescata lo dicho por un testigo que llegó a San Francisco pocos días después de que casi cuatrocientas personas (sólo sobrevivieron unos quince de toda la comunidad) fueron brutalmente asesinadas por el ejército. El estudio está basado en el testimonio de un puñado de testigos, leyes, documentación de ong´s y del Registro de la Propiedad. Desde el inicio, plantea la pregunta de si ¿se acabó San Francisco? Ya en las conclusiones intenta una doble respuesta: se acabó, porque la aldea fue arrasada y sobrevivió menos del cinco por ciento de la población, pero está viva porque hubo sobrevivientes que la contaron, gracias a los cuales ya existe en, al menos, un libro histórico.

Falla, al adentrar en el tema del resarcimiento o reparación de las víctimas, hace meditar sobre la integralidad que este proceso debiera significar (resarcimiento colectivo, psicosocial y material), pero también deja evidencia, aunque no profundice al respecto, de que la misma población va experimentando sus propios procesos de reconciliación de manera más efectiva que por medio del Estado o de ong´s.

La de San Francisco fue una de las peores masacres, ocurrió en 1982 y formó parte de la primera demanda entablada contra Efraín Ríos Montt. A pesar de su magnitud genocida sigue siendo un hecho desapercibido en la historia nacional, cuando todas las desgracias de su tipo debiera formar parte de nuestra consciencia, tanto porque los efectos de la violencia de guerra nos siguen afectando a todos, como para que no se repitan.

Tanto con Negreaba de Zopilotes como con Esquisses aportan el día de hoy a la historia guatemalteca, duramente. Enrique Gómez Carrillo, una de las letras guatemaltecas más ensalzadas, y Ricardo Falla, antropólogo comprometido, me permitieron terminar el 2011 y empezar este, con una parte de mí devorada entre las fauces de la historia.

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