
Por fin
En estos días el tema obligatorio serían las fiestas. De hecho, y casi por ley, los medios de comunicación se llenan de mensajes de buena voluntad y de opiniones muy acordes con la época. Yo, por mi lado, no he hablado del asunto en las últimas entregas por continuar la aviada generada por la alta correspondencia que han provocado las anteriores columnas.
Pero hoy, con esta culminación temporal del tema sigo haciendo lo que los últimos jueves: desearle el bien a todos.
Todos, para mí, significan la totalidad de los seres humanos habitantes de la tierra (y también a los de la estación espacial). Esto incluye desde hombres y mujeres de negocios, hasta putas y policías. Incluye al mismo Joseph Ratzinger que dormiría mejor si no fuera cómplice de las atrocidades de una iglesia que desde hace 500 años se viene partiendo en ramales (algunos ya tan distintos y distantes), todos opresores.
Son monstruosas máquinas generadoras de odios, envidias e hipocresías.
Y ¿Qué es una sociedad oprimida? Es la que no se desarrolla, no se ordena, no funciona. Como el caso de las personas en individual, que si no se aceptan a si mismas como son, nunca lograran superarse o su vida estará teñida por sufrimientos.
Es en este punto cuando me pregunto: ¿Será que dentro de los abusadores de mujeres, o las abusadoras de niños, o las personas que no están cumpliendo un sentido armonioso en la vida, no habrán muchos que no se atreven a aceptar su sexualidad y reprimen su homosexualismo por el calvario que dicha aceptación significaría en sociedades como la nuestra? Pero claro, si la iglesia lo prohíbe, y no sólo, sino que lo trata como una enfermedad y lo compara con la pedofilia. Ah, pero si un homosexual quiere ser cura tiene que comprobar que no ha practicado en los tres años anteriores para considerársele “curado”. Mientras, en todos lados continúan las acusaciones por abuso sexual hacia niños por parte de sacerdotes.
Ya es hora de que empecemos a pensar como individuos, que nos relajemos de ese dios que significa el qué dirán y nos ocupemos de ser buenos con nosotros mismos y con los demás.

